¿Duchas de agua caliente en verano? El mejor alivio contra el calor | Stillö

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¿Duchas de agua caliente en verano? El mejor alivio contra el calor

El verano ha llegado y con él las altas temperaturas. Noches tropicales, largas tardes en la piscina bajo un sol sofocante o jornadas en el trabajo sudando... condiciones que invitan a que la ducha sea un fiel compañero durante estos meses. Nuestro cuerpo pide refrescarnos y es habitual que nos duchemos en muchas más ocasiones durante los meses estivales que en el resto del año. Una vez que estemos bajo la ducha, lo lógico es pensar que una buena ducha de agua fría será la solución más refrescante para combatir el calor pero... aunque parezca paradójico, la ducha agua caliente será la que realmente nos ayuda de una forma más efectiva a combatir el calor.

Termorreceptores; los vigilantes del calor y el frío

La piel es el órgano más grande del cuerpo y constituye cerca del 15% del peso total de un ser humano. En la piel, se encuentra una serie de receptores que se encargan de percibir la presión, el tacto, el calor y el frío. Para estos dos últimos parámetros contamos con los termorreceptores que se encargan de la recepción de información y de dar respuestas ante los cambios de temperatura. En la piel, existen dos termorreceptores que tienen como función percibir los cambios de temperatura en el ambiente: los corpúsculos de Krausse -se activan ante la sensación de frío- y los corpúsculos de Ruffini - perciben el calor y se encuentran en la zona más profunda de la dermis-.

Si volvemos a nuestra ducha refrescante y llegamos a casa con una sensación de sofoco o calor correremos a darnos una buena ducha con agua fría pero... ¿es una buena solución? Efectivamente lo primero que queremos es bajar la temperatura corporal y la ducha de agua fría lo consigue de forma brusca. Los termorreceptores dejan de notificar el extremo calor exterior y obtendremos una rápida sensación de frescor. Sin embargo, si el agua está muy fría y muy por debajo de la temperatura corporal, los mecanismos de control actuarán de forma opuesta a la deseada ya que se irrigará menor cantidad de sangre para no perder temperatura e internamente el cuerpo generará más calor. Bajo la ducha el alivio será inmediato pero al salir la sensación de calor aumentará porque nuestro cuerpo seguirá generando calor durante unos minutos.

Si probamos a ducharnos con agua caliente -no tiene porque ser una temperatura excesivamente elevada-, la sensación no será placentera de forma inmediata pero nuestro cuerpo activará los mecanismos para perder temperatura lo antes posible. Al salir de la ducha, durante unos minutos el cuerpo trabajará para bajar nuestra temperatura corporal y la sensación de frescor y alivio será más duradera.

Además, si contamos con grifos termostáticos que regulan la temperatura podremos controlar de forma mucho más sencilla e inmediata la temperatura del agua y ducharnos con agua a la temperatura justa para conseguir el objetivo deseado. Lo más recomendable, según los expertos en dermatología, es optar en cualquier época del año por una ducha de agua templada, en torno a una temperatura de 30 ºC. Por debajo de los 25 grados se consideraría una ducha fresca, y por encima de los 38 grados caliente.  

Con este pequeño truco habremos conseguido un alivio más duradero en los días de más calor. Así que a partir de ahora cuando llegues a casa y pienses en una ducha refrescante recuerda que agua fría no siempre es sinónimo de menos calor.